Pedro Calvo – 11/06/2012 – 21:35

Ya está. El rumor se convirtió en realidad durante el fin de semana. Europa ya ha puesto sobre la mesa hasta 100.000 millones de euros para sanear la banca española. Una cifra gruesa, de esas que, dichas de ese modo, parecen muy lejanas. Pero no es así. Hay que tenerla muy presente, porque influirá, y mucho, en la vida y los intereses de las empresas y las familias.

¿Qué pasa con mis depósitos?

Los ahorradores que tengan su dinero en depósitos pueden estar tranquilos. El respaldo, que ya aportaba el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD), una protección legal que protegía 100.000 euros por titular y cuenta, se ve reforzado por la ayuda proveniente de Europa. El ahorro más conservador, por tanto, pueden mantener la calma.

¿Y si soy accionista?

A diferencia de los depósitos, quienes posean acciones de los bancos que reciban ayuda de Europa sí sufrirán pérdidas o algún tipo de perjuicio como consecuencia del rescate. Al fin y al cabo, como propietarios que son de la entidad al tener esos títulos, cargarán con las pérdidas consiguientes. Bien porque su participación se vea diluida -pase a ser más pequeña- porque van a crearse nuevas acciones mediante esa ayuda, bien porque se suspenda o se reduzca el pago de dividendos, o bien por cualquier otra circunstancia, el caso es que se verán afectados. Y cuanto más elevada sea la cantidad recibida y mayores las exigencias, mayor será el impacto. “En el corto plazo, seguramente presenciaremos más estragos y los accionistas tendrán que pagar los platos rotos”, vaticina Tomas Berggren, estratega de Saxo Bank.

¿Qué hay de las preferentes?

Las participaciones preferentes han levantado mucha polvareda en los últimos tiempos. Los clientes han denunciado que las entidades les engañaron en el pasado para vendérselas, razón por la que se ha convertido en un producto maldito. Y todo indica que con el rescate sobre la mesa, estos productos continuarán levantando ampollas. En principio, los expertos barajan dos opciones. La primera puede consistir en que los titulares de preferentes no reciban el cupón o rentabilidad que esperaban. ¿El motivo? Será una de las condiciones que se exigirá a las entidades a cambio de recibir dinero. Y la segunda residiría en la posibilidad de que los bancos cambien esos títulos por capital, es decir, que ofrezcan un canje de preferentes por acciones. Teniendo en cuenta que las participaciones preferentes no tienen demasiada liquidez en el mercado -vamos, que no es fácil venderlas- ni vencimiento -porque son perpetuas-, esas ofertas de canje pueden ser una opción interesante para salvar parte del dinero invertido inicialmente… porque conviene tener claro que no se recuperará toda la inversión. En las extraordinarias condiciones actuales, los analistas avisan de que será difícil que las propuestas alcancen la bondad de las ofrecidas a finales de 2011 y comienzos de 2012, cuando las entidades ofrecieron canjes al mismo precio -100 por cien del nominal- al que los inversores compraron las participaciones en el pasado.

Pero, como avisa Ramón Zárate, socio director de EmásI EAFI, no sólo las preferentes se verán afectadas por el rescate. También repercutirá en el resto de la deuda bancaria. En el caso de los bonos subordinados, “los efectos pueden limitarse a la suspensión de los derechos y cupones”, advierte. Y añade: “Esto implica caídas en sus precios y posibilidad de rentabilidades en mercado secundario de dos dígitos. En estos casos, hay luz al final del túnel, porque a vencimiento, si la entidad no desaparece antes, el inversor recuperará lo invertido”. Para la deuda senior, su mayor seguridad “no les exime de quitas parciales y/o ampliación vencimientos con cupones más reducidos”.

¿Pagaré el rescate?

Sin duda, representa una de las principales incógnitas en estos momentos: ¿pagarán los ciudadanos el rescate bancario? Por el momento, lo que está claro es que la ayuda incrementará el volumen de deuda pública existente.

Según los cálculos del Gobierno español, el peso de la deuda iba a crecer este año hasta una cifra equivalente al 79,8 por ciento del PIB, una cifra que crecerá en la medida en que las entidades españolas hagan uso del rescate. Si emplean 50.000 millones, la ratio deuda/PIB, que en 2007 se limitaba al 36,3 por ciento, aumentará hasta el 84,8 por ciento; y si apuran el crédito al completo y consumen los 100.000 millones, la proporción se disparará hasta el 89,8 por ciento. Nunca antes el peso de la deuda había sido tan alto en nuestro país. Y aún puede serlo más, porque, sin tener en cuenta la carga extra que aportará el rescate, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya preveía que superara el 90 por ciento del PIB, con lo que podría alcanzar finalmente el 100 por cien en los próximos años.

Esta evolución perjudica a los intereses de España y podría fundamentar nuevas rebajas de la calificación por parte de las agencias de rating. Es decir, un riesgo adicional que podría seguir nutriendo la prima de riesgo, con el lastre que eso supone para el conjunto de la economía.

¿Por qué incrementa el volumen de deuda pública si la ayuda va dirigida a los bancos? Porque el respaldo se instrumentaliza a través del Fondo de reestructuración ordenada bancaria (Frob), es decir, un vehículo que en última instancia cuenta con garantía estatal. O lo que es lo mismo, en caso de que el dinero procedente del rescate no pueda ser devuelto o haya algún problema, quien tapará ese agujero será el Estado, es decir, los contribuyentes.

Por tanto, el peligroso vínculo entre los problemas de la banca y las cuentas públicas, lejos de relajarse, se refuerza con el rescate. “Un gran error”, reconocen los expertos. Y así se demostrará si, como parece, el Frob inyecta el dinero procedente de Europa en forma de capital. Si es así, los intereses del rescate se pagarán con dinero procedente de las arcas públicas, es decir, de los contribuyentes, que sí pagarían así el rescate. Al menos, hasta que el Gobierno logre rentabilizar esa inversión en el futuro. De momento, esa amenaza se mueve en el terreno de las conjeturas. “Por ahora no perjudica al déficit público porque en estos momentos es una inversión financiera. Lo que es seguro es que afectará al volumen de la deuda; si repercute en el déficit, se verá. Y es precisamente el impacto que pueda tener en las finanzas públicas el mayor riesgo de la operación”, explica Alberto Matellán, director de estrategia y macroeconomía de Inverseguros.

A la espera de que se concreten los intereses del rescate, se barajan unas cifras que oscilan entre el 3 y el 4 por ciento. O lo que es lo mismo, una cifra que arrojará unos intereses comprendidos entre 3.000 y 4.000 millones de euros. Teniendo en cuenta que la factura que debe pagar ya el Estado asciende a 30.000 millones de euros, esa carga adicional incrementaría esta partida hasta situarla cerca de los 35.000 millones de euros. Y el dinero que vaya destinado al pago de interés no podrá ir dirigido a otros apartados, como infraestructuras, educación o sanidad.

¿Habrá más ajustes?

Sí. Europa lo ha dejado claro: no se trata de un cheque en blanco que España podrá emplear a conveniencia. Los ya familiares hombres de negro se asegurarán de que el préstamo les sea devuelto en el futuro. Y para eso exigirán en el presente que España sea un país con mayor disciplina fiscal y financiera. Este hecho se encuentra vinculado a la prórroga de un año, hasta 2014, concedida por Bruselas para cumplir el objetivo de reducir el déficit público al 3 por ciento. Combinando ambos elementos, todo indica que España tendrá que hacer más deberes, como subir el IVA o alargar la edad de jubilación, dos de las exigencias que ya están en la agenda.

¿Volverá el crédito?

Por mucho que se repita y se insista en que este tipo de medidas ayudará al retorno del crédito, no será así. Al menos a corto plazo, con lo que las familias y las empresas seguirán sin encontrar la financiación que tanto añoran para sus proyectos y su consumo. Una cosa son los deseos y otra muy distinta, las realidades. Y estas confirman que el crédito no fluirá a corto plazo. Para que vuelva a hacerlo antes tienen que concurrir varios ingredientes. Principalmente, tres. El primero, que las entidades financieras saneen sus balances de una vez por todas. Sólo con una combinación de más capital y menos inversiones tóxicas permitirán que los bancos vuelvan a estar en condición de reactivar los préstamos.

El segundo, que haya más claridad y estabilidad regulatoria. “No podemos seguir así, con una reforma financiera tras otra, sin saber qué estrategia ni qué inversiones hacer en realidad porque se nos cambian las condiciones constantemente”, lamentan desde el sector financiero.

Y el tercero, que el sector privado se desendeude. En estos momentos, los compromisos financieros que aún acumulan los bancos, las empresas y las familias equivale al 320 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB), es decir, hay 3,2 euros en deuda privada por cada euro que es capaz de producir la economía española. Es imprescindible reducir esta proporción. Y hay dos caminos para hacerlo: mediante la austeridad, “un proceso que sería demasiado largo, porque nos llevaría entre 10 y 20 años”, según pronostica Juan Laborda, profesor del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB); o mediante una reestructuración de la deuda en manos de los acreedores privados, un camino que reduciría ese montante. “Sería la mejor opción”, añade Laborda. “No es descartable una macroreestructuración de la deuda”, apunta igualmente Juan Ramón Caridad, director de Swiss&Global.

¿Bajará el precio de las casas?

Sí. Aunque los precios ya están cayendo, la necesidad de que las entidades limpien sus balances y la entrada del capital procedente de Europa pueden acelerar la tendencia e incentivar que los bancos estén dispuestos a vender los pisos a precios aún más bajos, una consecuencia que sí puede ayudar a reactivar este segmento. Ahora bien, los expertos advierten: “Los precios caerán. Otra historia es que se pueda conseguir la financiación precisa para comprar una vivienda. O se dispone de casi todo el dinero o se trata de una casa que ofrece esa misma entidad… o el cliente, si consigue la hipoteca, lo hará pagando un elevado diferencial”.

¿Generará crecimiento y empleo?

No a corto plazo… pero sí podría hacerlo a medio plazo si se empleara de forma perfecta; esto es, si limpiara el balance y dotara a los bancos del capital que necesitan. Es decir, si los pusieran en forma definitivamente. Un sistema financiero saneado y de nuevo fuerte representa un paso previo fundamental para que la economía se reactive, puesto que significa que volvería a estar en condiciones para financiar a la economía real. Para eso, sin embargo, habrá que esperar. Sobre todo, si el desapalancamiento o desendeudamiento se hace sólo por la vía de la austeridad y no de la reestructuración. Al mismo tiempo, hay que tener presente que una de las condiciones que Europa exigirá a las entidades que reciban ayuda será el cierre de oficinas y la reducción de plantillas, con lo que este proceso no creará empleo a corto plazo, sino que lo destruirá en el sector.

Extraído de Eleconomista.es 11/06/2012
Enlace a la noticia original completa en Eleconomista.es

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