Análisis del fin de semana
13 y 14 de febrero de 2021

Nadar y guardar la ropa (y, por si acaso, no alejarse demasiado de la orilla)…

Conclusiones del análisis del fin de semana:

  • Recordatorio: Los mercados de renta fija, de facto, ya no existen como tales.
  • Recordatorio: las criptomonedas son una amenaza para la autoridad y poder de los bancos centrales. Los bancos centrales no van a perder esta batalla, y desde luego no lo harán sin hacer mucha sangre antes a quienes osen enfrentarse a ellos.
  • La tendencia en las bolsas continúa siendo claramente alcista, aunque siguen produciéndose rotaciones rápidas e intensas de duración relativamente corta (de apenas días), que siguen generando día tras día un buen número de oportunidades, aprovechables siempre que se esté muy rápido y atento para salir en cuanto cambia, por decirlo así, la dirección del viento…
  • Sin perjuicio de lo anterior, volvemos a enfrentarnos en estos días a algunas señales preocupantes, asociadas todas ellas a la percepción de una excesiva complacencia, del predominio del sentimiento de avaricia en los mercados, que podría estar alimentando ya algunas burbujas especulativas en algunos segmentos de los mismos.
  • Como todas las burbujas, si efectivamente las hubiera, pueden seguir creciendo más allá de lo que en principio uno pudiera esperarse (en cierta forma, precisamente por eso son burbujas). Y, mientras sigan creciendo, son muy aprovechables. Así que, nadar sí, pero guardando en todo momento la ropa y, por si acaso, nadar no alejándose demasiado de la orilla.

Hace ya algún tiempo que apenas hacemos referencia en nuestros informes y comentarios a los mercados de renta fija. La razón es simple: los mercados de renta fija, de facto, ya no existen como tales. Los principios fundamentales del funcionamiento de cualquier mercado son, entre otros, la libre concurrencia y la libre competencia, de cara a que el proceso de formación de precios sea lo más eficiente posible y lo más ajustado posible a la información disponible en cada momento. Desde hace ya bastante tiempo, demasiado quizás, los mercados de renta fija están intervenidos por los bancos centrales. Esto cambiará algún día (puede que no tan lejano), y es muy probable que no lo haga precisamente de una manera suave y ordenada, pero de momento, es lo que hay…

Hablando de bancos centrales, la fiebre especulativa dominante en estos tiempos en algunos (no pocos) segmentos del mercado está volviendo a elevar la temperatura, entre otras, de las criptomonedas. Las criptomonedas son una amenaza directa al poder y autoridad de los bancos centrales (y de los gobiernos en general) en la medida en que minan (entre otras cuestiones) la capacidad de control de estos sobre la oferta y la política monetarias. Hoy por hoy continúan siendo todavía una amenaza menor, pero al enemigo es mejor enfrentarlo cuando aún no es demasiado fuerte, ¿no?. Ante esta amenaza, los bancos centrales tienen tan sólo dos opciones (permitir que sigan creciendo y expandiéndose a su libre albedrío a lo largo del tiempo no es precisamente una de ellas):

  • Acabar con ellas, exterminarlas: Los bancos centrales tienen recursos operativos y, sobre todo, financieros para borrarlas del mapa de un plumazo. Pero esto, en el mundo (masivamente digital) en el que vivimos hoy, sería quizás como tratar de ponerle puertas al campo (al menos tratar de hacerlo de una manera tan tajante y burda).
  • Regularlas, controlarlas, dominarlas…: Los bancos centrales (y los gobiernos) también disponen de muchas opciones en este sentido, entre ellas, promover realmente un mercado organizado (por ejemplo, el de derivados que no han cuidado suficientemente para imponer a través de él su autoridad y su poder en este sentido), o el emitir sus propias criptomonedas…

Una cosa es segura, los bancos centrales no van a perder esta batalla, y desde luego no lo harán sin hacer mucha sangre antes a quienes osen enfrentarse a ellos.

Por lo que respecta a las bolsas, su tendencia continúa siendo claramente alcista, aunque dentro de los índices —a nivel de valores—, siguen produciéndose rotaciones rápidas e intensas de duración relativamente corta (de apenas días). Estas rotaciones siguen generando día tras día un buen número de oportunidades, aprovechables siempre que se esté muy atento y rápido para salir en cuanto cambia, por decirlo así, la dirección del viento…

Sin perjuicio de lo anterior, volvemos a enfrentarnos en estos días a algunas señales preocupantes, asociadas todas ellas a la percepción de una excesiva complacencia, del predominio del sentimiento de avaricia en los mercados, que podría estar alimentando ya algunas burbujas especulativas en algunos segmentos de los mismos. No es sano ni prudente que los inversores pierdan masivamente la percepción y el respeto por el riesgo. Menos sano y prudente aún es que lo hagan quienes no tienen apenas experiencia y conocimientos de cómo funcionan realmente los mercados financieros. Y todavía menos sano y prudente es que todo esto suceda precisamente en un contexto como el que nos encontramos hoy en día (sufriendo todavía las consecuencias de la pandemia). Así, la bolsa europea se enfrenta en estos momentos a una nueva e importante zona de resistencia de largo plazo. Por su parte, las bolsas estadounidenses marcan en estos momentos nuevos máximos históricos tras una subida que, desde una perspectiva histórica, se ve demasiado vertical y extralimitada (que sería una mala traducción del término anglosajón “overextended”, que hemos adoptado en los mercados, y que resulta más preciso en este caso). A nivel global, los índices bursátiles más representativos empiezan a presentar divergencias bajistas (registran subidas, pero acompañadas de una pérdida de momentum). Se observa también un número creciente de valores en dinámicas de formación de lo que podrían acabar convirtiéndose en lo que llamamos “double tops” (dobles techos). Todo ello por no hablar de valoraciones que hace ya tiempo dejaron de ser excesivas para alcanzar en algunos casos el rango de estratosféricas…

Como todas las burbujas, si efectivamente las hubiera, pueden seguir creciendo más allá de lo que en principio uno pudiera esperarse (en cierta forma, precisamente por eso son burbujas). Y, mientras sigan creciendo, son muy aprovechables. Pero, tanto si lo son o no (burbujas), nada sube indefinidamente, y menos aún en los mercados. Así que, nadar sí, pero guardando en todo momento la ropa y, por si acaso, no alejándose demasiado de la orilla.

 

 

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